Entonces, del fondo de su corazón, van surgiendo con vida propia los primeros acordes de la canción con la que yo aprendí a dormirme, la canción que hizo famosa a la joven de la foto y que mi abuela odiaba tanto, el estribillo que, a pesar del dolor, nos hace felices. A mí, porque me recuerda a mi infancia y a él, porque le recordaba que la vida fue una vez de un color distinto a un negro túnel sin salida.
El color de la esperanza, de la ilusión perdida y conservada, el color de la juventud y la fruta aún no madura, de las cosas por hacer y el tiempo por delante.
No el negro de luto, de la otra, de yo soy ésa y el pecho tatuado.
Sino el verde,
como los ojos verdes,
verde como la albahaca,
verde como el trigo verde
y verde, verde limón.
{EL TIEMPO CIRCULAR - OJOS VERDES}
